La Sociedad de los Pilotos Muertos - Tresdeoctubre2019
Tengo las causas pérdidas, con este juicio constante entre mi mente, frente al estrado estamos todos debatiendo con ellos, hiperreflexión como defensa; siento que me estoy quedando vacío y cualquier motivo es una razón de peso para evadirme de mi mismo, de las situaciones, de ese enorme esfuerzo por sentir algo que no sean ganas de destruirme, me estoy cayendo de a pocos.
Hay un vagón de montaña rusa que no puede andar a más de un kilómetro por año, lo único que emociona después de haber subido durante tanto tiempo es que el descenso es lento, desconcertante, asfixiante, y lleno de ansiedad; viento es el ruido del paisaje. Cada vez bajo un poco más (otro talsito no más mi chan) lo curioso es que ahora me importa poco, voy perdiendo fases lunares mientras solo pienso en la despuntada que otra vez pospuse.
El viernes (¿sábado?) inventé la Sociedad de los Pilotos Muertos con una mujer llamada Luna, una especie de acuerdo de aparición cuando la noche nos agarre por ahí despiloteados. Ya la he visto dos veces en un solo fin de semana -las dos veces despiloteado- pero medianamente aterrizado cuando veo a esta camarada de rendición.
En esa misma sociedad podría estar Ev, teniendo presente que la única vez que la vi estaba absurdamente despiloteado, con ella es un pacto más silencioso, a través de textos, nos compartimos nuestro vómito en momentos oscuros; nuestro encuentro no fue uno como tal, la noche se me pasó en pausa hasta estar esperando un Transmilenio en la 22 con Caracas a las 11: 40 pm. Digo que ella podría ser parte de la sociedad no por pilotearme ese día, sino porque para un Piloto Muerto las noches en pausa son imprescindibles, navegando Bogotá en la frontera de lo imaginario, traspasando lo onírico en ese mareo que me absorbe, me fascina, me hiere si se repite.
Pilotearse también es permitir que alguien conozca -y yo a su vez- los ataques de demencia como le llaman -que no es más que verdadero sentir- a la madrugada, cuando nuestras angustias e incomprensiones viajan en un Taxi con un hombre que invita a un tinto, la evidencia de nuestros episodios son letras apiladas una tras otra como en un bordado de Pessoa.
Ahora estoy haciéndome más preguntas sabiendo con la experiencia de antemano que no encontraré ni una sola respuesta, colecciono dudas como un anciano buscando tapas de colección de gaseosas. Pierdo el tiempo sin preocuparme por los intereses al préstamo de Kronos, ¡Santo Dios griego, nos devoran tus hijos! Patético como La Rosa de Guadalupe, una obra en un salón de clase o un Performance Posmoderno -que vienen siendo la misma chimbada.
Mi soledad escandalosa anda por ahí pidiendo ayuda a gritos, eterna contradicción entre lo que pienso y digo, mis garabatos son bitácora de años de profecías cumplidas -sobre mi, claro está. Me acuerdo del encierro y concluyo porque no entiendo el mundo, detenido en una bomba de vacío, buscando alguna razón para estar ahí y a la vez huir pronto; lo que es no es lo que sé, y lo que es, es aquello que no es.
Esta mañana me dije de nuevo que me perdí, no con resignación ni ganas de salir de ahí, simplemente me perdí.



Comentarios
Publicar un comentario